Montes, incendios e inundaciones.

¿Qué relación hay entre la gestión forestal y los daños producidos por las inundaciones? 

Con la revolución industrial comenzó el éxodo rural, que todavía hoy continúa, dejando algunas zonas de la península con la misma densidad poblacional que Laponia. La madera dejó de extraerse en muchas plantaciones de pino que quedaron abandonadas al “no resultar rentables”, carbón vegetal y cal dejaron de fabricarse en el monte, la leña seca, como el esparto, dejó de recogerse y muchos oficios desaparecieron en la mayoría de zonas: resineros, corcheros, peluseros o los mismos pastores que cuidaban de rebaños de cabras y ovejas. Todos ellos tenían en común el impacto generado en el monte, un impacto “positivo” siempre que estas actividades no superaran la capacidad de carga del entorno. En un ecosistema adaptado a los incendios como el bosque mediterráneo las actividades que reducen la carga de combustible sin perjudicar la biodiversidad “equivalen” a pequeños incendios que lejos de ser perjudicales servirán para generar discontinuidades de combustible que evitarán otros incendios más grandes, descontrolados y realmente destructivos: los convectivos.

Hay que tener cuenta que el hecho de que una actividad sea tradicional no significa que resulte por ello inocua y beneficiosa para el medio ambiente sí o sí, cualquiera de las actividades mencionadas anteriormente puede generar un impacto negativo, irrecuperable incluso, si sobrepasa la capacidad de carga del entorno. Por ejemplo, la causa de no encontrar ni una encina en muchos montes valencianos es precisamente la sobreexplotación que sufrieron las carrascas debido a los hornos de cal, del mismo modo ocurrió en otras zonas con las carboneras. Esto no quiere decir que las actividades comentadas resulten “malas” o “buenas” de forma intrínseca, lo serán dependiendo del uso que se haga de ellas. Negativo resultará sobreexplotar un monte pero también abandonarlo a su suerte si ese monte es el resultado de todas esas labores que llevan realizándose en él desde el inicio del neolítico, es difícil hablar de bosque “virgen” en el mediterráneo. Para entendernos, una actividad tradicional como por ejemplo el pastoreo, puede tanto resultar beneficiosa como causar un desastre ecológico, esto dependerá de muchos factores que se deben de tener en cuenta a la hora de gestionar cualquier paraje, lo importante es que todas estas actividades reducían la carga de combustible en los montes y de repente dejaron de llevarse a cabo.

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Vale, pero, ¿Qué tiene esto que ver con las inundaciones? 

Resumiendo, hablamos de actividades que han moldeado nuestro entorno desde hace varios miles de años, pero que dejaron de realizarse de repente porque el monte ya no resultaba rentable, nuestro monte ya no genera dinero ¿Es esto cierto?

Con el abandono de las zonas rurales y montes los incendios son cada vez más intensos, destructivos y frecuentes, lo que provoca que cada vez sean mayores las áreas quemadas y, por tanto, mayores las extensiones con alteraciones en su escorrentía cuando llegan las lluvias después del verano (aquí el terreno todavía no se ha recuperado, nuestro monte es duro, pero no hace milagros).

El suelo quemado retiene menos agua de lluvia que el suelo con una cobertura vegetal correcta, de modo que con los “megaincendios” la escorrentía de una cuenca fluvial puede verse aumentada de forma considerable y esto se traduce en mayores avenidas. Como bien explica Ricardo Almenar en su libro “El bosc protector“, un aumento del 10% de la escorrentía no representa un 10% más de daños generados por una inundación como podría esperarse, los daños aumentan de forma exponencial respecto al caudal, de modo que ese 10% más de escorrentía generado en la parte alta de la cuenca puede ocasionar tranquilamente un 50% más de daños por la inundación generada en la parte baja de la cuenca hidrográfica. Como muestra el autor en el mismo libro, el estudio realizado por ICONA después de “La Pantanada” del 82 indica que el caudal del Escalona y Jarafuel, ambos afluentes del Júcar, fueron de un 16% y 11% superiores como consecuencia de los incendios sucedidos en los últimos años, ¿Cuánto afectó esto a agravar los daños de La Pantanada”?

Llegados a este punto, en el que asumimos que grandes extensiones de monte quemado generan mayores escorrentías y por tanto mayores inundaciones, debemos plantearnos:

– ¿Cuánto cuestan las labores de extinción de un gran incendio?
– ¿Cuánto cuesta el incremento exponencial de daños derivados del aumento de la escorrentía a causa de los incendios en una inundación?

y por otra parte:
– ¿Cuánto costaría una correcta gestión forestal que evitara incendios de tal magnitud y sus consecuencias?

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Alzira, después de la Pantanada del 82 (Las Provincias)

Foto de portada: Origen desconocido, probablemente Carcaixent o Alzira.

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